A partir de ahora soy un verso libre. Siempre me dicen que siempre lo he sido, sin embargo, aunque no era estricto, seguía una métrica más o menos clásica. En este sector es muy difícil sustraerse de la presión del entorno que te empuja interesadamente a seguir por el carril. Ya no. Seguiré sólo la vía de mi criterio que ya es un mecanismo suficiente de autocensura.
Será más difícil escucharme, al menos de momento, alejado como estoy, del altavoz que proporcionan las páginas de una revista puntera, aunque haré lo posible para acercarme a vosotros con las mismas ganas que lo he venido haciendo estos últimos veinte años. Pierdo una buena plataforma, pero también ataduras. OPINIÓN FARMACÉUTICA será el altavoz discreto con el que pretendo continuar dándoos el coñazo.
No esperéis sangre en mis palabras, ni es mi estilo ni mi objetivo, ya tenéis quien se dedica a eso. Aún a riesgo de ser reiterativo, monótono, aburrido no sé hacer otra cosa que intentar incentivar la reflexión y el debate y cuando tengo opinión, darla. Moleste a quien moleste.
Sólo os pido que difundáis este enlace entre vuestros colegas que también son los míos. Al final la opinión farmacéutica que cuenta es la que florece del debate entre los protagonistas que no son otros que vosotros mismos. Gracias.